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Asociación Cultural El Laberinto de Ariadna

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19/07/2009
Reconocimiento a la Asociación "Que nuestras hijas regresen a casa" de Ciudad Juárez

En la Fotografía podemos ver a Marisela Ortiz y Norma Andrade , dos representantes y cofundadoras de la Asociación Nuestras hijas de Regreso a Casa de Ciudad Juárez con las que tuve el honor de compartir algunos de los momentos propiciados por los actos organizados por el Ayuntamiento de Castelldefels, el pasado 9 y 10 de julio, con motivo de la entrega a su asociación del Premio Especial Ciutat de Castelldefels. Durante la comida, leí el poema Intitulado, escrito en 2005 y dedicado, especialmente, a las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez (se puede leer a continuación) y les hice entrega del libro de El Laberinto de Ariadna, 10 años de poesía. Fueron momentos emotivos y, desde nuestra asociación, esperamos que esa emotividad compartida y la constante lucha de las madres y familiares sean suficientes para que las Instituciones escuchen las voces que reclaman y exigen el fin del ya llamado feminicidio.

Más información en la web oficial de la organización:
http://www.mujeresdejuarez.org/
y más información sobre el Premio Ciudad de Castelldefels en el enlace, al final de esta página.



A las mujeres desaparecidas, mutiladas, violadas y asesinadas de todo el mundo, especialmente a las de Ciudad Juárez, Chihuahua y de todo México.


INTITULADO

No hay calle que lleve tu nombre
y ya no habitas ciudades
ni un millón de pueblos,
sólo caminos abandonados.
Polvareda sucia entre borrados y
sangrientos trapos,
por pulcras alimañas en el aullido del muro
de los cuernos de la luna.

Este canto es para ti,
que dibujarías, si pudieras,
el infierno con cara humana y risa de hoz,
sin atreverte a ponerle palabras
por miedo a morir nuevamente.
Tú, que llevas el nombre de mujer
como herida abierta, condena
para el resto de los días y de los hombres:
Ciudad Juárez, Chihuahua, Oxaca?

Este canto, es para ti
y hierve de frío, y hiela la mano
de la que lo intitula
porque tiemblan los rostros,
miles,
en penumbras de tez morena y clara,
y acaricia el largo pelo arrastrado
por el pico del cerro, sin poder siquiera rozarlo.
En tierra baldía, manchan de rojo asesino
el muro del grito inpronunciado:

sin perdón y para siempre...


De Muros y Silencios

R.Bruch