Algunos datos sobre el autor y su obra
José Luis García Herrera , es técnico químico-alimentario, poeta, rapsoda, narrador y crítico literario, nació en Esplugues de Llobregat (Barcelona) en 1964. Fue miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía en Barcelona y coordinador de los premios literarios Ciutat de Sant Andreu de la Barca.
Su obra
Lágrimas de rojo niebla (1990, Premio Vila de Martorell 1989),
Memoria del olvido (1992),
Los nuevos poetas (1994),
Código privado (1996),
La ciudad del agua (Premio Elvira Castañón 1997),
Los caballos de la mar no tienen alas (2000, Premio Villa de Benasque 1999),
Spelugges (2002),
El guardián de los espejos (2004, accésit Premio Víctor Jara 2003),
Las huellas del viento (2005, Premio María del Villar 2004),
Mar de Praga (2005, Premio ?Blas de Otero 2004),
La huella escrita (2007, Premio Mariano Roldán 2006),
Las huellas en el laberinto (2007, Premio Ciutat de Benicarló 2006)
El recinto del fuego (2008, Premio Ateneo Guipuzcoano 2007).
El poeta, compañero de viaje de El Laberinto de Ariadna, recientemente ha publicado en el número 3 de la revista El Cuervo sus poemas Talla de madera y Testamento de agua. Gentilmente, me otorga permiso para haceros llegar una breve muestra de su magnífica labor, a través del poema CUATRO ROSAS, transcrito a continuación.
R. Bruch
CUATRO ROSAS
Para Jaime Urrutia
Un domingo por la tarde,
desde la ventana de una humilde pensión,
un hombre contempla la calle de otoño
y unas hojas secas al ritmo del viento.
Tras él, una cama deshecha.
Sobre la cama una mujer en camisa,
sin rastro de carmín en sus labios,
el cabello revuelto.
Ella mira hacia la pared desnuda
mientras sube por su pierna, con parsimonia,
una de las medias.
Amor de pareja pobre, amor por horas,
amor de urgencia.
Sobre la mesilla una botella de anís,
un vaso vacío y cuatro rosas rojas
robadas del jardín de la tragedia.
El hombre apaga una colilla contra el cristal
y recoge del suelo su chaqueta.
La mujer, con su mano derecha,
borra las arrugas de su falda y de su rostro.
Salen de la alcoba y cierran la puerta.
Ella olvidó coger las rosas. O quizá no.
El tiempo ya dejó demasiadas
espinas en el corazón.
José Luis García Herrera