Sobre la mesa, una carpeta marrón, una pequeña grabadora y dos manos entrelazadas y nerviosas. En este pequeño cuartucho, en el que además de la mesa hay un par de sillas desvencijadas por el uso, se respira un ambiente demasiado espeso por culpa del humo. Yo le propuse un crucero por el mediterráneo. Ella, sin embargo, se empeñó en venir aquí argumentando que lo que realmente necesitábamos, era recobrar el sosiego extraviado con los últimos y felices acontecimientos. Ya sabe usted, la publicación de mi último libro y lo de nuestro primer hijo. No hay prisas en las respuestas, ni tampoco malos modos al preguntar. La declaración del joven escritor está resultando pausada, emotiva y casi poética. El acantilado por el que se ha precipitado, queda como a media hora de la casita de alquiler en la que nos alojábamos. Es un promontorio colgado al mar desde el que se disfrutan unas vistas maravillosas. Desde allí arriba, el océano aparece de un azul descompasado y tormentoso, y el paraje sobrecoge en su conjunto. El otro día subimos por primera vez y Vicki se quedó maravillada. Así que esta mañana se ha despertado un poco más pronto de lo habitual, me ha dado un beso en la frente pidiéndome que continuara durmiendo mientras ella daba un paseo hasta la cima antes del desayuno, y ya no he vuelto a verla con vida. El sargento, hombre de maneras amables y de cierta sensibilidad, está maravillado tanto por lo bien que se explica el declarante, como por lo conmovedor de su relato. Así que antes de disculparse por tener que formular la pregunta más amarga del interrogatorio, le concede unos segundos que quizá sean de admiración. Sabe usted si su esposa le era infiel. Pregunta el policía. Victoria me amaba profundamente. Contesta el joven con voz quebrada y mirada ofendida. Y concluye derramando unas lágrimas. Antes de levantarse y dar por terminada la declaración, el policía esboza una sonrisa que es posible que el joven se tome como un triunfo. Con la carpeta marrón bajo el brazo, en la que guarda un antiguo informe médico que asegura que el joven quedó estéril como consecuencia de unas paperas tardías, el sargento abandona la sala de interrogatorios bajo la turbia atmósfera del humo del tabaco.