Cruces de caminos, de ilusiones y destinos, Sueños rotos, lleva el tren de mi ciudad. Ojeras, caras de sueño, piel cortada, Y un hombre tosiendo, hoy hace mucha humedad. Una anciana con sus bolsas, mira suplicante, No se moleste no se van a levantar. Miradas que se entrecruzan, quizá estén buscando ayuda, Para escapar de estas vías sin final. Y mientras tanto el hombre que está a mi lado, Mira de reojo, que es lo que escribe este loco, Es probable pensará. Nuevas estaciones, donde miedos y temores, Van subiendo a un repleto ya vagón. Párpados que se entrecierran, bostezos y un ambiente de pena, Que me embarga el interior. Hoy encima llueve, y las gotas en los cristales, Me recuerdan a unas lágrimas de adiós. Ya no sé dónde agarrarme, necesito encomendarme a una ilusión Que mitigue este dolor. ¿Por qué me siento diferente a todos ellos? ¡No lo sé! Quizá la vida me haya hecho ser un diablo irrealista y soñador. Sigo creyendo en que existe otro camino, Que el que se dicta inflexible cada día por el tren de mi ciudad.