Ven, respira hondo compañero te espero donde mueren las fronteras junto al exilio del poeta donde escriben las palabras poesía para las madres de la nada. Ven, hacia al ojo de los locos hacia la llama que arde sobre la sonrisa muerta del cadáver de mi juventud ven hacia el arido desierto con jeringas de arena mordiendo mis brazos esperando morir. Ven, hacia la muñeca que derrama en blanco mármol la sangre de las penas y escribamos poesía sabiendonos vencidos como perros callejeros como el vagabundo de los sueños seamos leales poetas caídos sobre las arenas movedizas de estas tierras sin fe llamadas olvido. Ya no queda heroína ya no queda y quizás no quede vida pero nos queda la palabra sangrando sobre los pétalos caídos del alma.