Ardiente afán de esta piel que consuma su altivez coronada de impotencia. Oculta cicatriz, huella arrogante en el inasible tímpano de la materia bifurcada, pedrería de estos sillares reflejos de mi rostro abrasada en suspiros, airados deseos que trazan su cenicienta línea de contornos ajados, víctima de alguna adversidad hacedora del tornasol de la lágrima. Liviandad efímera de luz prematuramente consumida. No te conmuevan su daño y mi salvación, pues, caduca la voluntad, atisban su fin en el légamo de los espejismos.