Cada día, de camino al trabajo, Al pasar, por ese barrio tan humilde, que más da. Dónde esté, pues no me importa el cómo, El cuándo, el dónde ni el porqué, sólo me fijo que en aquel, Semáforo de siempre, a las 9 menos diez, Con andares cansados, por el paso de los años, Mirando a todos los sitios, cruza Vd. ¿Dónde irá? Vestido desgastado, Tanto o más, que esas arrugas que el tiempo clavó en su piel, Creo ver, mirada confundida, 30 años trabajando y sufriendo ¿para qué? Quizá entregó a sus hijos, lo que no pudo tener, Valiente sacrificio, ?mi vida por la de ellos?. Un pacto con el diablo debió ser. Pero al ponerse la luz verde y arrancar, miro hacia atrás, Y me pregunto quién soy yo para juzgar felicidad, Siendo mi vida un mar de dudas, altas olas de tristeza, como es. Y aunque prometa enderezar el rumbo de mi soledad, Siempre me encuentro con corsarios que abordan toda mi paz, Sra. no se vaya...lléveme Vd. de su mano. Se muy bien, que dentro de unos años, Seré yo, el que camine por días de sinrazón, ¿Qué hay qué hacer?, sólo espero que entonces, Mi misión y mi destino podré haber cumplido ya, Y contarle a mis hijos, lo que tuve que pasar, Por ver sueños cumplidos, olvidados y caídos, Como castillos de naipes sobre el mar. Cómo explicar que siento que se va mi vida entre las manos, Que se escurren ilusiones, que pierdo mi luz en vano, Que tengo miedo de morir sin realizar todo lo que me prometí. Me siento sólo y ya sin fuerzas de seguir contracorriente, Quiero escapar con alguien que me ayude, que me haga ser fuerte, Sra. no se vaya, lléveme Vd. de su mano.