Para sellar el tiempo se eleva la piedra. Para sellar el tiempo y el peso de la sangre. Por encima del frío, de la ventisca, del granizo y la sombra de la nieve. Para honrar la muerte, para temerla. Piedra sobre piedra hasta tocar el cielo. Entre la bruma del incienso se nombra a quien no está, no estará y está presente. En la fachada de la catedral cien estatuas defienden la tumba de un rey, de un guerrero; el sueño de la eternidad, la fe de los creyentes. Luchando contra la espada del frío, o la ventisca, o las balas del granizo, o el mordisco de la nieve... En sus corazones de piedra duerme el tiempo. Inédito 24-3-2005