Prendado de tus pétalos de rosa no siento de tu tallo las espinas, después de tanto tiempo aún me fascina hallarte , amada mía, tan hermosa. Mirarme en tu pupila primorosa, doblando del dolor tantas esquinas, es juego de mi amor que no termina por ver de hallarme en ti, querida diosa. Ansío el néctar dulce de tus labios, alada mariposa de pasión, y el toque de la seda, en dedos sabios, que me haga hacer olvido a la razón y escriba melodía en los agravios que mueren más allá del corazón.