Mirándote a la cara, en la orilla muerta me dibujo tu barro en mi mueca tuerta. Ocre y envidioso, de tu faz celoso, te cuezo y curto para mí, dichoso de no llorar tu arcilla en largos ríos, igual de terrosos, igual de fríos. Dichoso si me corres en tu regazo y grávido de mi partes sin rechazo al hijo de la arena, inmune a las penas, que ahogado en su polvo, reparte condenas ávidas de llanto que recorren celdas de próximas preñadas, embarazadas de huecos huesos y carnes enfangadas, que salen muertas, contigo , en las cañadas.