Ya escribiste tu epopeya falsaria y eres uno de los sobrevivientes en este umbral de los siglos, un Fénix que ha escrito su genealogía aferrado a su cruz lignaria, el sicario maldito lapidándose enloquecido entre las reliquias de los jerarcas y un sicomoro espectro de un Egipto fúnebre. ¿Has tocado ya la esquila de los leprosos o el cuerno de los faunos? ¿te has asomado a las balaustradas donde Juan el Evangelista anunció el Apocalipsis?. Caín no gozó el próspero paraíso y se escondió bajo el helecho y la hojarasca. Ya abriste los diminutos infiernos en los que zumban los aguijones de los elegidos, pisaste los erizos y musgos que poblaron los desiertos, anidaste letárgicas malezas. Todavía hay la misma hendidura bajo la tierra y el tambor de ébano suena aún sobre las lápidas de un campamento donde florecen el roble sagrado y el hierro de las espadas. El mismo séquito se alimenta en la oscuridad de la misma lluvia que ahuyentó a las alfareras del Éufrates. ¿Cómo se empuña un cuchillo contra el humo rojo de la sangre? ¿bajo qué helados páramos reposarán las vísceras de tanta hambrienta soledad?. Ningún cautiverio será tan infame como ese refugio con el aroma cortante del invierno bajo la morada de tu propia desnudez. Cuando el desconocido que duerme bajo las estatuas encienda la lámpara con la llama de los alquimistas, presérvate de la injuria y de la arpía soberbia de la justicia, en el bestiario idolatrado de los regentes hay un decálogo que se rompe con la fragilidad del barro, y no atiende al intruso dios que contempló la luz primera ni al fósil flamígero que se asombró ante el primer ocaso. Las saturnalias son crespones para el viejo imperio, Heliogábalo sobrevive en el Tíber y sus restos resucitarán en las valvas de otra historia. No crezcan tus alas con el fraguado polvo de la maquinaciones, no reposen sobre el precario vidrio deslumbrante por la nevada, a veces cimbra una esfinge hasta su derrumbe y tiembla el claustro de los faraones y los escorpiones de Isis abonan el oro de las tumbas. ¿Qué esplendor, qué rostros agraviados por la tristeza se corromperán aún entre raíces hasta hacer su metamorfosis y yacer, sin embargo, en el túmulo profanado del colibrí?.