El olor a soledad es un olor a inerte, a armario cerrado, a no querer abrir las ventanas por miedo a que marchen los recuerdos buenos. La soledad se ceba en el olor vacío de la ropa, de las manos que no acarician. Los sentimientos no compartidos no huelen ni a la sal de la lágrima. La lágrima se esconde porque teme que su fruto no sirva ni para el desahogo. La piel huele a soso porque lo que se ha vivido cada día no aporta alicientes. La soledad huele a un sufrimiento sin sangre aunque a veces en la piel se queden algunos retazos de olor a farmacia, de olor tenue o profundo de bálsamo que cura los males de tristeza. No siempre se percibe el olor a soledad ya que éste queda relegado por la intensidad de los otros olores que la rodean. La soledad, de día y de noche,.... quien sabe si ya ha perdido hasta el olor.