Saltar a contenidos

Asociación Cultural El Laberinto de Ariadna

Navegación

 
 
 
sábado 04.02.2012

Menú principal

Publica con nosotros

 
01/04/2009
RECUERDOS

- Abuelo, realmente ¿tú estabas allí.?,¿tú estabas en el Ebro? - Si, yo estuve allí. - Pues ¡explícamelo!, ¡explícame qué pasó!, ¡explícame como fue!. - No son cosas para explicar, son cosas que se viven , mejor dicho, que indeseables te hacen vivir por cojones, pero que no apetece explicar. - Ya abuelo, pero yo quiero saber, porqué pasados tantos años, aún te despiertas chillando y llorando como un niño cada noche. El abuelo, mirando a su nieto con aire ausente, empezó a narrar la historia: - No recuerdo ni el día, no recuerdo ni la hora, no recuerdo si era de día, ni tampoco si era de noche, si llovía o hacía sol, pero tampoco tiene importancia. Solo recuerdo con intensidad un momento determinado de aquel día. Íbamos andando y hablando toda mi compañía cuando oímos el ruido lejano de los motores de aquellos aviones, primero suave y poco a poco con mayor intensidad. Cuando nos dimos cuenta ya estaban encima nuestro descargando centenares de kilos de bombas sobre nosotros. De repente todo se convirtió en un infierno: explosiones a nuestro alrededor. Los cuerpos de mis compañeros saltaban en pedazos, el humo de las explosiones por un momento cegó mi visión, pero te puedo asegurar que a pesar del ensordecedor sonido de las explosiones, lo que me rompía el alma eran los gritos de mis compañeros que poco a poco dejé de oír, al igual que el sonido de las bombas: a partir de ese momento jamás he vuelto a oír bien. Cuando cesaron las explosiones, poco a poco, el polvo se posó en el suelo, y aquella visión, a pesar de observarla solo con un ojo, pues tambíén fue allí donde perdí el otro, era dantesca. Hasta donde alcanzaba la visión había heridos y cadáveres mutilados. El río bajaba rojo, como si fuera una arteria descarnada, y yo estaba allí, cogido a un árbol, sin ojo, sin oído, herido en una pierna y meado y cagado encima, y como ahora, nieto mío, llorando. El nieto observó como el abuelo lloraba y temblaba de emoción y se abrazó a él intentando consolarlo mientras no podía parar de llorar. Este micro-cuento está dedicado a Francisco Sánchez Merlos (mi abuelo) que nunca estuvo en el Ebro, pero si vivió la Guerra Civil Española y , como el personaje que arriba mencione, cada noche, las pesadillas le hacían despertar llorando con los recuerdos de la guerra.

- Anónimo -
© Asociación Cultural El Laberinto de Ariadna - Apartado de Correos, 7 - 08860 - Castelldefels (Barcelona) - Tel. 630 55 19 56 - info@ariadna-web.org