(El pintor) El pintor permanece inmóvil y abstraído ante el cuadro una vasija de cobre es el conjunto escultórico que decora la mesa, complacido el pincel colorea cuencos, flores, cosas íntimas hay objetos humildes y algo alegórico una luz tenue de invierno envejece la habitación. Pintar es tan sagrado como vivir apresar la vida en un instante único delicadamente irrepetible. (El escultor) El cincel talla cicatrices de mármol en el rostro. El artista ha labrado el majestuoso estallido del tiempo, donde el agua vermiforme del pasado es reducto de múltiples muecas. Una poderosa mano obedece a la plenitud del genio. Simetría y perfiles contribuyen en su pétrea nitidez. Pinceles del conocimiento para reencarnar la tersura de los años un humilde espejismo trepando gozoso mi trópico de brisas. (El poeta) Bardo polizón descolgado de las estrellas lírico ebrio de la palabra. El poeta no sabe que por el arte se adueñan todos los demonios y se condenan furtivos a perpetuidad. El poeta no sabe que se muere muchas veces ensimismado con el tiro de gracia de su propia revolución.