Del cántaro insolente de la vida se vierten la amargura y el delirio que riegan los espinos del martirio y alumbran de agonía la partida. Ya muertos y vencidos esos lirios que el agua del amor seca y olvida vendrán los retoños que en la herida del alma nos harán nuevo martirio. Y así cultivaremos la locura que anida en este círculo vicioso y en flores de alegría y de amargura pondremos el amor que hoy tan hermoso mañana será tibio y su frescura perdida hará que tenga un tinte odioso.